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ART.PE — Feria de Arte Contemporáneo de Pernambuco celebra su quinta edición del 14 al 18 de octubre de 2026 en el Recife Expo Center, ocupando un pabellón de 5000 m². Participan 75 expositores, incluidas 55 galerías de todas las regiones de Brasil —con trayectoria nacional e internacional— y dos espacios provenientes del extranjero (provincias de Argentina y Lisboa, Portugal).

Además de las galerías, ART.PE acoge en sus espacios proyectos especiales, instituciones culturales, así como editoriales y librerías que presentan novedades del arte contemporáneo. La Arena BNB Cultural se suma a la programación con revisiones individuales de portafolios de artistas del Nordeste, premios, lanzamientos editoriales, actividades culturales y, sobre todo, conversaciones sobre temas relevantes para el sector, dirigidas por invitados con diversas trayectorias en el ámbito artístico.

En un momento en que el arte del Sur Global atrae cada vez más la atención mundial, el mercado de artes visuales de Brasil vive una etapa de gran dinamismo que despierta el interés de coleccionistas e inversores de todas partes. ART.PE, integrada directamente en este panorama, crece año tras año y refleja el desarrollo y la madurez de la escena local, contribuyendo a impulsar todo el circuito.

La selección propuesta realizada a traves del Programa Argentina Creative Market gestionado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, parte de la idea del cuerpo y el territorio como dimensiones indisociables, entendiendo el territorio no solo como espacio geográfico, sino como lugar de memoria, conflicto, pertenencia, deseo y transformación. El conjunto reúne a artistas de diferentes regiones de Argentina y de distintos lenguajes: fotografía, videoperformance, pintura, arte textil, escultura e instalación, buscando construir un panorama plural.
Algunas obras parten directamente de las huellas y tensiones inscritas en el paisaje, como las de Martín Bordenave, cuya fotografía aborda la idea de archivo vivo. Otras desplazan la discusión hacia el cuerpo, como la videoperformance de Ale Montiel y Monica Van Tiepelmann.
La presencia significativa del arte textil y la cerámica constituye también una elección curatorial importante. Son lenguajes vinculados al gesto y al hacer manual, que permiten pensar el territorio a partir de procesos de transformación y de inscripción del tiempo. En este sentido, las obras de Dolores Cabanillas, Jessica Morillo y Paula Andrea Puca establecen relaciones entre materia, paisaje y memoria.
La selección incorpora además diferentes perspectivas sobre el paisaje y el entorno. Soledad Dahbar propone aproximaciones en las que la naturaleza deja de ser mero escenario para convertirse en materia y agente de la experiencia. La obra de Marcelo Coca amplía esta discusión al campo de la instalación y a la relación directa con el espacio expositivo. Por otro lado, Sol Boltsis y Guadalupe Carrizo introducen dimensiones más íntimas, simbólicas y subjetivas, permitiendo que la exposición se desplace del territorio físico hacia territorios de la memoria, del tiempo, del imaginario y de la experiencia individual. Así, la propuesta no pretende construir una narrativa única sobre la idea de territorio, sino presentar diferentes maneras de percibirlo, transformarlo y habitarlo. El conjunto busca revelar una producción contemporánea marcada por la relación entre cuerpo, materia, paisaje y memoria, al tiempo que pone en valor la diversidad regional y la pluralidad de lenguajes presentes en la escena artística argentina. La selección de las galerías también contribuye a este objetivo al reunir espacios de diferentes ciudades —Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Salta, Jujuy, Tucumán y Santa Cruz—, ampliando la mirada más allá de los circuitos más concentrados de la producción artística argentina.

Artista que presentaremos:

Martin Bordenave (Buenos Aires, Argentina.)

Serie: Heridas del territorio

Fotografías de archivo transferidas sobre madera de quebracho recuperada. El trabajo aborda la relación entre memoria, territorio y violencia histórica en el Gran Chaco argentino, eco región compuesta por las actuales provincias de Chaco, Santiago del Estero, Formosa, Tucumán, Catamarca y La Rioja.
Las imágenes de rostros indígenas oriundos de estas tierras aparecen fragmentadas e incompletas, como una decisión conceptual que remite a los procesos de borramiento, negación y desplazamiento sufridos por los pueblos originarios desde las campañas militares impulsadas por el Estado nacional a fines del siglo XIX.

El quebracho no funciona aquí como un simple soporte. Su presencia material remite a la explotación forestal, el desmonte, la expansión agroindustrial y la apropiación de territorios indígenas. Sus vetas, grietas y marcas conservan la memoria física de un paisaje transformado por la lógica extractiva. La madera se convierte así en un archivo vivo donde la imagen no se imprime sobre la superficie, sino que parece emerger desde ella, como una presencia que insiste en volver.
La obra se sitúa en el cruce entre fotografía y materia. La foto transferencia produce imágenes erosionadas, parciales y precarias que funcionan como metáfora de una memoria colectiva atravesada por silencios y omisiones. Cada retrato aparece como huella antes que como representación: un resto visible de una historia que no ha desaparecido, sino que continúa actuando en el presente. Lejos de proponer una mirada folklórica sobre lo originario, la serie busca reinstalar un conflicto aún vigente. El avance sobre los territorios, la deforestación, la concentración de tierras y la expulsión de comunidades indígenas son procesos contemporáneos que encuentran en estas piezas una forma de crítica.

Cada obra es un fragmento de territorio que devuelve un rostro. La imagen incompleta no señala ausencia, sino persistencia. Como la memoria misma, aparece dañada pero activa, erosionada pero presente. En la dureza del quebracho, la historia vuelve a manifestarse como una forma de resistencia.
Estas piezas son un contra-archivo: sin museo, sin institución, sin permiso. A Bordenave le interesa la insistencia, lo que vuelve, aunque haya sido negado una y otra vez. Estas obras no son retratos. Son presencias. Son pedazos de tierra convertidos en soporte. Son restos que todavía hablan. Y en esa madera dura, herida, el rostro aparece como una forma de resistencia: no habla, no grita, pero tampoco desaparece.

El monte tiene memoria. Y la memoria, aunque sea fragmentaria, siempre encuentra una forma de regresar. No hay homenaje vacío. Hay restitución simbólica y confrontación. Cada obra es un fragmento de territorio que devuelve un gesto. El quebracho guarda lo que la historia quiso borrar. Y su trabajo apunta a que esa huella sea imposible de ignorar.

 

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